La sensación de espacio: el arte de la grabación y la sensación de tridimensionalidad
- Alejandro González Vargas

- 2 mar 2025
- 5 min de lectura
Nota del autor: Este artículo fue publicado originalmente en la edición de marzo de 2025 de Sound:Check Magazine (México). Se reproduce aquí con fines de archivo y divulgación.
“Quiero que la guitarra suene más atrás”, “quiero la voz más al frente”, “que el piano suene un poco más profundo”...
Probablemente hemos oído alguna de esas descripciones (o alguna combinación de ellas) en el entorno del estudio de grabación. La sensación de que algo se encuentra más lejos o más cerca es una parte inherente de nuestra experiencia auditiva y definitivamente una gran parte de cómo experimentamos la escucha musical. Existen distintas maneras de generar dicha sensación de espacialidad tanto en la grabación como en la mezcla. Es probable que para este punto ya estén pensando en Dolby Atmos, pero no es el terreno en el que me interesa indagar el día de hoy.
Es mi parecer que con el tiempo hemos perdido un poco la sensación de “adelante y atrás” en la música grabada (insisto, saquemos el Atmos de la conversación). Mucho se le atribuye a la limitación y la sobrecompresión, casos ya más que estudiados y que claro tienen algo que ver, sin embargo, creo yo que es en el terreno de la grabación en donde más hemos perdido espacio.
En un entorno digital de herramientas casi infinitas es más habitual pensar en la profundidad en la mezcla (en donde por supuesto podemos lograrlo y será tema de un próximo artículo), pero rara vez pensamos en que es lo que podemos hacer en el terreno de la grabación.
Desde luego la gran mayoría de los artistas hoy en día están grabando en un contexto de home-studio: quizás en un cuarto no tratado y probablemente con un solo micrófono, sin embargo, creo que vale la pena experimentar qué es lo que ese cuarto y ese micrófono tiene para ofrecer, antes de asumir que la mejor posición es a 10 centímetros de la fuente sonora.
LLEVADO A UN CASO HIPOTÉTICO
Si lo piensan, si yo me planto en mi estudio a grabar una guitarra acústica, una guitarra eléctrica (desde el amplificador), un piano de pared, una voz lead y varios coros, y a cada fuente sonora indistintamente le pego el micrófono a una distancia de 5 a 20 centímetros, es altamente probable que el balance que obtenga sea más bien plano y unidimensional. Finalmente, es como si ahora mi oído estuviera escuchando a todos exactamente donde mismo.
Propongo, teóricamente, otro caso. Imaginemos que contamos con, al menos, dos micrófonos iguales. Quizás sería una buena idea hacer lo siguiente y por las siguientes razones:
Grabar mi voz principal justo frente al micrófono, a una distancia de 15 centímetros o tan cerca como el efecto de proximidad no sea un problema (o más bien, un efecto no deseado). Desde luego, al tener la fuente tan cerca de la captura tendremos un gran nivel de detalle y la proporción entre señal directa y reverberante (donde la última será mínima) le indicarán a mi cerebro que la fuente se encuentra “cerca”.
Grabar la guitarra eléctrica a una mayor distancia del speaker, en donde la sala entre un poco en juego. Al oír menos detalle del speaker (probablemente menos brillo) y un poco más de señal reverberante, será evidente al oír que eso está “un poco más atrás”.
Grabar el piano a una distancia similar a la que grabé la guitarra eléctrica, pero con dos micrófonos en un par espaciado, por ejemplo. Si mi deseo es que el piano suene paneado hacia la izquierda, entonces sería bueno ubicar los micrófonos de forma tal que el piano esté más inclinado hacia el micrófono de la izquierda que al de la derecha. De esta manera, al usar igual ganancia en ambos micrófonos y abrirlos 100% L uno y 100% R el otro, el piano se sentirá naturalmente inclinado hacia la izquierda. Ya estarán imaginando, no es lo mismo que grabarlo en mono y panearlo, ni tampoco es lo mismo que grabar en estéreo a igual distancia del centro y balancearlo. La razón principal es, básicamente, el espacio. Al estar más inclinado hacia L que hacia R, habrá más señal directa en L y menos señal directa en R. Eso significa también menos señal reverberante en L y más señal reverberante en R. Esto no lo lograríamos en mono o con ambos micrófonos a la misma distancia del piano, ya que la proporción entre señal reverberante y señal directa sería la misma en ambos micrófonos.
Grabar la guitarra acústica a una distancia aún mayor de mi micrófono y, para los coros, incluso tal vez grabarlos con la membrana del micrófono apuntando hacia la pared (pensando en que estamos usando un micrófono cardioide). Desde luego esto, de nuevo, influirá en la cantidad de señal reverberante y señal directa en el micrófono y en cuan lejana la percibimos, pero también en la cantidad de brillo y detalle que obtendremos de la captura. Por supuesto, señales más difusas, más opacas y con menos detalle son percibidas como más lejanas.
Creo que hasta el momento ya pueden entender a qué apelo aquí.
Mientras hablamos de todo esto, es inevitable pensar en Al Schmitt, quien fuera el rey de cómo grabar cosas que ya sonaran mezcladas y grandes. Llama la atención, por ejemplo, el hecho de que él usara principalmente micrófonos con patrón polar omnidireccional en contextos en los que grababa big bands. También, que los distanciara de cada fuente sonora tal vez más de lo que otras personas lo harían. Comenta Andrew Scheps que cuando asistió como alumno a una de las masterclass de Al Schmitt en Mix With The Masters, mientras la banda tocaba previo a comenzar la grabación, pensaba para sí mismo “los overheads suenan un poco opacos”, “los brass suenan un poco lejos”... hasta el momento en que toda la banda empezó a tocar junta. El balance era perfecto.
Finalmente, es la combinación de distintas fuentes sonoras llegando a distinto tiempo, a distinto nivel y con una distinta proporción directo/reverberante a cada micrófono. Desde luego, el ejemplo de Al Schmitt puede parecer injusto porque: 1) Al Schmitt era Al Schmitt, y 2) se trataba de una sala gigante con docenas de micrófonos, pero explica a la perfección el argumento que trato de hacer en este artículo:
Grabar no se trata solamente de poner un micrófono en frente de alguien o algo. Grabar es un arte y parte de él es poder crear una visión acerca de planos y balances y lograrlo (o acercarnos) con nuestra microfonía.
No es necesario esperar hasta la mezcla para imprimir en nuestros tracks aquello que buscamos. Desde la grabación podemos plasmar los planos que queremos para luego potenciarlos en mezcla.
Por supuesto, nada de esto es una apología a evitar a toda costa la microfonía cerrada, desde luego que tiene su lugar y muchas veces es la mejor opción. Esto es más bien un llamado a experimentar.
No se trata de estar en un gran estudio: mientras estés dentro de un cuarto y tengas un micrófono, ya hay espacio al cual sacarle provecho.
La “desventaja” que quizás estés pensando es que nos obliga a casarnos con el sonido que grabemos, pero, ¿no recae en ese tipo de decisiones precisamente el arte de grabar?


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